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Las rupturas sentimentales forman parte de la experiencia humana y, aunque cada persona las vive de manera distinta, suelen suponer uno de los cambios emocionales más difíciles de afrontar. A menudo, tras el final de una relación, aparece una sensación de bloqueo que hace que resulte complicado continuar con nuestro día a día o dejar de pensar constantemente en lo ocurrido.

¿Por qué duele tanto una ruptura?

Cuando una relación termina, no solo desaparece el vínculo con la otra persona. También se rompen expectativas, planes de futuro, hábitos compartidos y una forma concreta de entender nuestra vida cotidiana y, por ende, nuestro mundo.

Por este motivo, es normal experimentar emociones muy variadas y, a veces, contradictorias:

  • Tristeza.
  • Rabia.
  • Miedo.
  • Confusión.
  • Soledad.
  • Culpa.
  • Alivio.

De hecho, es posible echar de menos a una persona y, al mismo tiempo, saber que la relación no era saludable o que la ruptura era necesaria.

Cuando la mente entra en un bucle

Tras una separación es frecuente que la mente intente encontrar explicaciones o respuestas a lo ocurrido. Aparecen pensamientos repetitivos como:

  • «¿Y si hubiera actuado de otra manera?»
  • «¿Y si me he equivocado?»
  • «¿Y si las cosas cambian?»
  • «¿Y si no vuelvo a ser feliz?»

Aunque estos pensamientos suelen surgir con la intención de comprender la situación, en muchas ocasiones terminan manteniendo el sufrimiento y dificultando el proceso de aceptación a la nueva realidad sin la otra persona.

Pensar constantemente en el pasado no siempre aporta respuestas; a menudo solo prolonga el malestar emocional.

La culpa después de tomar una decisión

Uno de los sentimientos más comunes tras una ruptura es la culpa. Puede aparecer incluso cuando la decisión se ha tomado después de reflexionar mucho o cuando la relación generaba sufrimiento. Muchas personas sienten que han fallado a la otra parte o que deberían haber intentado hacer más. Sin embargo, tomar una decisión para proteger el propio bienestar no convierte a nadie en una mala persona. Es importante recordar que una decisión dolorosa tomada desde la culpa, el miedo y/o la duda puede seguir resultando la decisión más acertada de todas.

El duelo que se inicia

Al igual que ocurre ante otras pérdidas importantes, el final de una relación suele implicar un proceso de duelo. Durante este tiempo es habitual experimentar altibajos emocionales. Hay días en los que parece que todo vuelve a estar bien y otros en que sentimientos como tristeza, rabia, miedo, culpa, entre otras, reaparecen con intensidad. Esto no significa que se esté retrocediendo. El duelo emocional no es un proceso lineal y cada persona necesita su propio tiempo para adaptarse. Pequeños avances que merecen ser reconocidos

Cuando el dolor es intenso, solemos fijarnos únicamente en lo que aún nos cuesta o no hacemos. Sin embargo, también es importante reconocer los pequeños pasos que vamos dando:

  • Levantarse de la cama cuando no hay ganas.
  • Recuperar una rutina.
  • Hablar con una amistad/familiar.
  • Volver a disfrutar de una actividad.
  • Dormir un poco mejor.
  • Tener momentos de calma.

Estos avances pueden parecer insignificantes, pero forman parte del proceso de recuperación.

Cuidarse durante una ruptura

Es muy importante incidir en el autocuidado en este proceso vital tan complejo. Algunas estrategias que pueden ayudar durante este periodo son:

  • Mantener unas rutinas básicas de sueño y alimentación.
  • Buscar apoyo en personas de confianza.
  • Expresar las emociones en lugar de intentar reprimirlas.
  • Evitar tomar decisiones importantes de forma impulsiva.
  • Realizar actividades que generen bienestar o sensación de logro.
  • Practicar la paciencia y la autocompasión.
  • No se trata de dejar de sufrir de inmediato, sino de atravesar el proceso de la forma más saludable y respetuosa posible para con nosotros/as mismos/as.
  • Pedir ayuda también es avanzar

En ocasiones, el malestar emocional es tan intenso o se prolonga durante tanto tiempo que resulta difícil afrontarlo en soledad. Buscar apoyo psicológico no es un signo de debilidad, sino una forma de cuidarse y de adquirir herramientas para gestionar mejor lo que está ocurriendo.

Contar con un espacio seguro donde hablar, comprender las propias emociones y aprender nuevas estrategias puede marcar una diferencia importante en el proceso de recuperación.

A ti, querido/a lector/a, que has llegado hasta aquí… GRACIAS.

Y recuerda: Superar una ruptura no significa olvidar de un día para otro ni dejar de sentir dolor inmediatamente. Significa aprender, poco a poco, a reconstruir la propia vida cuando aquello que conocíamos ha cambiado.

Aunque ahora parezca difícil, las emociones evolucionan, las heridas cicatrizan y el malestar acaba perdiendo intensidad. A veces, avanzar consiste simplemente en seguir caminando, incluso en los días en los que sentimos que no podemos hacerlo.

 

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